lunes, 21 de junio de 2010

IZQUIERDA SOCIALISTA PIDE AL PSOE REARME IDEOLÓGICO Y UN DEBATE EN SERIO

Los diputados de la corriente Izquierda Socialista han pedido hoy al PSOE un rearme ideológico y un "debate en serio" sobre las medidas de ajuste para evitar el hundimiento del proyecto socialdemócrata, no caer en "políticas esquizoides" y poner freno a la "revolución neoliberal" que se intuye tras la crisis.

Así, el diputado por Granada José Antonio Pérez Tapias ha reflexionado sobre estas ideas en la habitual reunión de los martes del grupo parlamentario socialista del Congreso, donde ha advertido "de lo que puede ser una terrible revolución neoliberal", que "haga estragos encumbrando al mercado, socavando la democracia y acabando con el Estado de bienestar".

De ahí, a su juicio, la "necesidad imperiosa" de activar un discurso "mínimamente socialdemócrata" que le pueda hacer frente, según ha explicado a Efe.
Pérez Tapias ha reclamado, a cambio de la leal disciplina de voto, una "real disciplina de debate", de tal manera que el PSOE y el grupo parlamentario se obliguen "a un diálogo en serio" sobre las medidas aprobadas, como las del ajuste para acelerar la reducción del déficit.

Antes de votar en el Congreso iniciativas como esa, Pérez Tapias considera necesario debatir primero para que los diputados puedan armar su discurso y "no quedar enmudecidos ante la pura y dura presión de los hechos", que implican en el conjunto de Europa "una especie de locura de los ajustes".

En este sentido, ha alertado ante el comportamiento de los estados, que "impotentes para resistir el chantaje de los mercados" ceden "una y otra vez" a un proceso "en el que se aprietan de continuo las tuercas de reformas que, bajo la pretensión de reducir el déficit y achicar la deuda pública, apuntan más allá, hasta cuestionar radicalmente políticas sociales y de inversión pública".

Según su análisis, el peligro es que las medidas de ajuste "unilateralmente obsesionadas" con la estabilización van a hundir a los países en la recesión desde el momento en que impedirán el crecimiento.

"¿No es ése motivo suficiente para repensar lo que hacemos, dedicándole tiempo y energía?", se ha cuestionado.

viernes, 18 de junio de 2010

Postura de IS-PSOE Extremadura ante la Reforma Laboral

Izquierda Socialista de Extremadura considera que la reforma laboral auspiciada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, no es más que un nuevo ataque a los intereses de la clase trabajadora y destacamos las siguientes cuestiones:

- Implica facilidades a la patronal a la hora de despedir por motivos de carácter económico
- Aumenta los supuestos de despido improcedente
- Aumenta la facilidad de los empresarios de explotar en concepto de contratos formativos precarios e inadmisibles para nuestros jóvenes.
- Abre la puerta al sistema de negociación anglosajón lo que hará perder a los trabajadores el sistema de negociación colectivo.


A todo esto añadimos que abaratar el despido no es solución para nadie ya que tampoco habrá contrataciones en una economía que adolece de fuertes problemas productivos. La verdadera reforma ha de centrarse en una modificación de estructuras de producción, que nos desvinculen de manera definitiva de la dependencia de sectores como el turismo o la construcción.


Para ello, creemos necesario que se abra un debate tanto en las bases del PSOE como en los grupos parlamentarios socialistas, estatales y autonómicos. En este debate, Izquierda Socialista Extremadura, considera necesario que se pongan sobre la mesa las posturas del resto de la izquierda y para eso, debemos escuchar a IU y a movimientos sociales como el estudiantil, que se verá duramente afectado por esta reforma. Por otro lado, consideramos que este reforma abrirá las puertas a la privatización de los servicios de empleo, representando un nuevo ataque a competencias que deben ser públicas. No obstante ya hemos sido testigos de esto último en campos como la educación, con el Proceso de Bolonia.

Izquierda Socialista-PSOE Extremadura

sábado, 12 de junio de 2010

La huelga, la reforma laboral y las medidas contra la crisis se silencian


Ni se debate ni se discrepa. Simplemente se apoya al Gobierno. Fue el mensaje que salió ayer de la reunión interna del Grupo Parlamentario Socialista.

Un martes más, los diputados de Izquierda Socialista (IS) solicitaron la palabra para pedir de forma leal que era necesario abrir un debate interno sobre lo que está ocurriendo, cómo se está actuando, qué mensaje se está dando al electorado y qué otras medidas se pueden tomar.

Los diputados José Antonio Barrio y José Antonio Pérez Tapias volvieron a insistir en esta petición, planteando la necesidad de hablar de la huelga de funcionarios de ayer y de la huelga general que, previsiblemente, se avecina.

Así, Barrio indicó que hay que intentar hasta el final buscar el acuerdo con los sindicatos, «o, al menos, pactar el desacuerdo». También se puso sobre la mesa la necesidad de impulsar las medidas sobre la reforma del sistema financiero y de plantear otras medidas de recorte.

Pero el PSOE no quiere debatir. Primero tomó la palabra la diputada del PSC Isabel López i Chamosa, para defender que los debates sólo provocan lecturas interesadas en los medios de comunicación.

Y, posteriormente, el diputado Antonio Hernando fijó la postura oficial del partido para explicar que el Gobierno va por el camino adecuado, hace lo que tiene que hacer y no es el momento de discrepancias internas. Puro argumentario.

Alonso zanjó la cuestión diciendo que siempre se puede debatir, pero que no era el mejor momento de ponerse a cuestionar nada.

Total, apenas 45 minutos de reunión para cinco intervenciones y para silenciar cualquier opinión sobre la huelga, la reforma laboral o las medidas contra la crisis.

No obstante, varios diputados consultados por EL MUNDO expresaron su malestar por lo ocurrido ayer en la reunión del Grupo Parlamentario Socialista, y su simpatía hacia la propuesta de IS de empezar a hablar alto y claro de qué esta ocurriendo.

Algunos parlamentarios afirman que no reconocen al PSOE y que ya está llegando el momento de no decir a todo que «sí». De momento, ellos mismos lo dicen en voz baja. Pero se empieza a crear un caldo de cultivo que puede estallar en cualquier momento.

Manuel Sánchez. Madrid / El Mundo, 09-06-2010





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lunes, 24 de mayo de 2010

ES LA DEMOCRACIA ESTUPIDO

Se ha citado tantas veces la frase que ha quedado olvidado el contexto en el que se produjo. Recordémoslo. Bush padre había triunfado sobre Sadam Hussein y había decidido proclamar el siglo veinte como el siglo americano. Nadie podía imaginar que tras la caída del comunismo pudiera ser derrotado en las elecciones de 1.992; todos daban por supuesto un segundo mandato y, sin embargo, un joven candidato demócrata comenzó a hablar de los problemas de la gente y provocó un vuelco electoral. América podía ser muy grande y el siglo podría ser americano pero la situación interna del país reclamaba una atención inexcusable a los problemas de la gente corriente, a esos problemas que no estaban en la agenda internacional, pero sí condicionaban la vida cotidiana del americano medio.

Visto lo ocurrido los últimos días a uno le dan ganas de preguntar: ¿sabemos realmente lo que estamos haciendo? Confieso que desde hace muchos años no he visto un espectáculo tan obsceno como el que estamos viviendo. Creo que son muchos los que comparten la misma percepción. Se están dando por evidentes tantas cosas que dudo que tengamos alguna claridad sobre las consecuencias de las decisiones que se están tomando.

Reconstruyamos la historia. Un candidato electoral a la presidencia del gobierno se presenta en la sede de los sindicatos y promete que jamás tomará ninguna medida sin contar con el apoyo de las organizaciones sindicales. Estamos en febrero del 2.008. Ha sido una legislatura muy dura por los problemas derivados de la memoria histórica, por la negociación fallida con ETA, por el estatuto catalán y por la reforma en los derechos cívicos. La derecha política no ha cejado en su papel de oposición; la calle ha sido tomada por la jerarquía de la Iglesia y la derecha social ha logrado golpear sobre la figura del presidente del gobierno.

En todo ese contexto al menos una noticia parece positiva. La economía está en buenas manos; nadie podrá decir que Zapatero ha improvisado; ha delegado todo el poder en un ministro de los gobiernos de Felipe González, que ha ganado el debate televisivo a Pizarro y encuentra toda clase de parabienes en el mundo económico y financiero. Solbes asiste también al mitin donde se promete solemnemente que no volverán los tiempos anteriores, que no repetiremos la triste historia de los años ochenta y noventa cuando se fracturó la antaño familia socialista entre el gobierno y el movimiento sindical.

A lo largo de estos dos años una y otra vez se la ha conminado al presidente del gobierno a ser un líder de verdad, a mirar por los intereses nacionales, a asumir la impopularidad imponiendo medidas crueles pero necesarias; sólo el que es capaz de confrontar con los más próximos es digno de llegar a los altares de los grande dirigentes. Recordemos el debate reciente en el congreso del partido socialista en Andalucía entre Felipe González y Candido Méndez donde la moderadora elogiaba la contundencia del anterior presidente frente a la pasividad del actual. Los líderes se miden por la capacidad de asumir riesgos y Zapatero estaba paralizado esperando a que escampara.

Pues bien entre unos y otros, entre las críticas internas y el misterioso dictado de los mercados ya lo han logrado. Ya han conseguido que el presidente del gobierno se desdiga de sus promesas electorales, se enfrente con su base social y rompa con sus aliados estratégicos. La sorpresa viene de que los que le conminaban a actuar de esta manera tampoco le aplauden; ahora insisten en que había que haberlo hecho antes, que ha demostrado su incompetencia y que es el momento de presentar la dimisión y marcharse o, al menos, de convocar elecciones generales.

Y el problema es que si todo fuera tan sencillo, si todo fuera producto de la incompetencia del equipo económico del presidente, y fuera seguro que con estas medidas vamos a recuperar el crecimiento económico, vamos a acabar con el paro, vamos a salir de la crisis, mucha gente por fin respiraría. Sería incluso posible reclamar la solidaridad de los instalados frente a los excluidos.

El problema es que las medidas de congelar las pensiones, parar las obras públicas, bajar el salario de los funcionarios, controlar el gasto de la ley de dependencia, son todas ellas medidas que no sabemos si son la interrupción provisional de un modelo o son, por el contrario, el preludio de algo mucho más grave. Ya no se oculta que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades no sólo los españoles sino todos los europeos desde hace muchos años; ahora se proclama que todos los elementos del modelo social europeo deben ser puestos en cuestión.¿ por cuanto tiempo?. Nadie lo sabe. Sólo nos dicen (el señor Trichet) que es la crisis más grave desde la primera guerra mundial.

Si es así es para echarse a temblar porque hay que poner encima de la mesa dos guerras mundiales, el Gulag, el Holocausto, Hiroshima. Pongamos que se trata de algo más modesto, que sólo se trata de poner fin al Estado del bienestar. Pongamos que se quiera decir que ya no volverá a ver pleno empleo, que es imposible la redistribución de la riqueza, que es impensable la democracia económica, que no hay posibilidad de tener garantías laborales, que hay que adelgazar el Estado, que acecha la privatización de los servicios públicos, y que nuestras pensiones corren un serio peligro.

Si esto es así, y cualquier lector atento podrá confirmar que no otra cosa es la que transmiten los líderes europeos, entonces hay que ser consecuentes y darnos cuenta de que no estamos ante un problema económico, estamos ante algo mucho más grave, estamos ante un problema civilizatorio. No hay que remontarse a la primera guerra mundial para recordar que el Estado del bienestar nace de un pacto entre la derecha y la izquierda, entre los empresarios y los sindicatos, entre socialdemócratas y democristianos, para evitar la fractura social de la Europa de los años treinta.

Hay que volver a recordar que en aquella Europa el liberalismo quedó puesto radicalmente en cuestión por el fascismo y por el estalinismo. Eran muchos los que pensaban que las democracias liberales no sobrevivirán al siglo de los extremos. Y a pesar de todo sobrevivieron y ganaron al nazismo y al fascismo y a pesar de ello Churchill, que había ganado una guerra, perdió las elecciones. Y comenzó un nuevo mundo, gracias a Keynes y a Beveridge, como explica muy bien Ignacio Sotelo en un libro reciente sobre el origen, el apogeo y el declive del Estado Social.

El pacto entre la democracia competitiva de partidos y el Estado del bienestar keynesiano ha constituido la gloria del modelo europeo, los treintas años de la denominada época dorada. Cuando se acepta que los mercados dictan la política, que la soberanía es una quimera, que los sindicatos son organizaciones anacrónicas, hay que recordar esta historia para darse cuenta que nos estamos jugando el futuro de la democracia.

No pudo volver la vieja democracia liberal tras la segunda guerra mundial porque no eran posibles las dos naciones, porque la clase trabajadora había sido decisiva para acabar con el fascismo y porque los derechos económico-sociales eran una conquista que las distintas fuerzas del espectro político aceptaban. Cuando hoy vemos como algunos jalean estar en una España intervenida y otros disfrutan cuando los líderes incumplen sus promesas electorales hay que recordar lo elemental. No es lanzando a los parados contra los funcionarios, ni a los trabajadores contra los inmigrantes como se consolida una democracia. La democracia requiere virtudes cívicas donde es imprescindible la solidaridad. Sin ella no es factible la cohesión social. Pero la solidaridad no se puede fundar en un mundo donde la élite de poder va aumentando continuamente su riqueza mediante toda clase de medidas financieras y fiscales mientras los funcionarios, los trabajadores con empleo, los sindicalistas, los médicos y los profesores, son los que aparecen ante la opinión pública como unos privilegiados.

Los clásicos de la sociología se quedarían impresionados viendo lo que nos está ocurriendo. Los responsables de la crisis se blindan más y más; los líderes políticos pierden toda autonomía mientras se les retuerce la mano; la soberanía salta por los aires; y los que aparecen como privilegiados son los que están sufriendo las consecuencias de la crisis. Evidentemente no las están sufriendo como las sufre el trabajador en paro, el excluido o el inmigrante sin papeles, pero lograr que la batalla sea entre los oprimidos, enfrentando a unos contra otros, es el último prodigio al que estamos asistiendo.

Un prodigio que puede seguir asentando el triunfo de las derechas políticas en Europa, que puede propiciar la victoria de la derecha política en España, pero que tiene un problema, que están poniendo en juego las bases de esa misma democracia. Europa, la Europa ilustrada y cosmopolita, la Europa que recogió lo mejor del liberalismo, la Europa que supo llegar a un acuerdo entre democristianos y socialdemócratas, se fundo en el recuerdo de una terrible guerra y en la convicción de que las instituciones políticas liberales no sobrevivirían auspiciando la desigualdad, fomentando el privilegio y practicando la insolidaridad. Sólo domesticando el capitalismo pudieron hacer que la democracia arraigara; hoy estamos asistiendo al proceso contrario, hoy vemos como los mercados arrodillan a la política y por ello tenemos que preguntarnos por el futuro de la democracia. Esa es la cuestión, estúpido, esa es la auténtica pregunta.

Antonio García Santesmases
Catedrático de Filosofía Política de la UNED
Miembro fundador de Izquierda Socialista-PSOE

viernes, 2 de abril de 2010

Entrevista a José Antonio Pérez Tapias

(Carlos Morán. Diario IDEAL. Granada)

La figura y el discurso de José Antonio Pérez Tapias (Sevilla, 1955) tienen un aire quijotesco. Es fácil imaginarlo en los pasillos del Palacio de la Carrera de San Jerónimo, donde actualmente ejerce como diputado del PSOE por Granada, buscando a algún Sancho Panza al que convencer de que todavía es posible derrotar a los gigantes del neoliberalismo, al omnímodo poder del dinero. Cristiano practicante y profesor de Filosofía "pura y dura", Pérez Tapias habla en esta entrevista de la necesidad de rearmar el discurso de la izquierda para que la crisis no 'la ganen' los que la engenderaron, pero también 'desciende' a asuntos más mundanos. En este sentido, tilda de "alicorto" el trabajo del alcalde de Granada, José Torres Hurtado (PP), y apuesta por Teresa Jiménez para una eventual sustitución del actual secretario provincial del PSOE de Granada, Francisco Álvarez de la Chica, que parece llamado a formar parte del próximo gobierno andaluz que diseñe José Antonio Griñán.

- Una vez leí que ser de izquierdas consiste básicamente en intentar ser decente. ¿Cómo lo ve?
- A la derecha democrática no hay que quitarle su derecho y su obligación a la decencia. Hay políticos con planteamientos decentes en la izquierda y en la derecha. Dicho eso, la izquierda se caracteriza por su voluntad transformadora de la realidad social para ganar nuevas cotas de libertad, conseguir nuevos logros en cuanto a igualdad y, en consecuencia, alcanzar metas de justicia. Pero hoy hay que añadir a la izquierda otro componente: la ecología. Hay que tomarse en serio la conservación de nuestros recursos. Y si nos tomamos en serio la ecología y la articulamos con la economía, tendremos la sostenibilidad: una nueva manera de hablar de solidaridad y otra seña de identidad de una izquierda que quiera dar respuesta a los retos que hoy tenemos.

- ¿Hay gentes de derechas en el PSOE?
- En el PSOE hay grupos, corrientes o personas que están situados más a la derecha que otros. Derecha e izquierda son denominaciones políticas para ubicarnos, pero no hay que entenderlas de una forma esencialista.

- Usted forma parte de la corriente Izquierda Socialista. Si partimos de la premisa de que el PSOE ya es un partido de izquierda, ¿no es un tanti redundante lo suyo?
- Nuestra función es activar el debate y tratar de decantar en una dirección que sería más coherente con los planteamientos de izquierda del partido. No pretendemos tener el monopolio de la ortodoxia.

- ¿Comprende que haya muchos andaluces que estén hartos de tanto tiempo de socialismo?
- Entiendo que, efectivamente, son muchos años gobernando la Comunidad Autónoma. Cualquier proyecto político necesita reactivarse, necesita inyectar nuevos motivos de entusiasmo a los militantes y, aún más, a la ciudadanía. Si no, puede anquilosarse y alejarse de los ciudadanos. Los motivos que ha hecho valer ahora Pepe Griñán tienen que ver con esto: hay que cambiar si no queremos que nos cambien en las urnas.

- Ve posible que Javier Arenas gane las próximas elecciones?
- Bueno, el PP en Andalucía está acumulando unas expectativas que no ha tenido en otros tiempos. Nuestra responsabilidad política es incrementar nuestras expectativas. Estamos a mitad de legislatura y tenemos tiempo. Si el voto socialista se debilitase, sería nuestra responsabilidad. Porque el electorado andaluz se define, de manera muy mayoritari, entre el centro y la izquierda.

- Si le planteasen el reto, ¿se atrevería a disputar la alcaldía de Granada a José Torres Hurtado (PP)?
- En el disco duro de los que nos dedicamos a la política entra estar dispuestos a lo que el partido plantee. Pero syo creo que en la Agrupación de Granada hay personas muy capacitadas para afrontar ese reto y esa urgencia, diría yo.

- ¿Pero qué tal lo están haciendo Pepe Torres y el PP?
- El mayor déficit de este gobierno del PP es que no está abordando cuestiones de fondo en las que una ciudad se juega su futuro. Está haciendo una política muy a ras de tierra, un tanto alicorta.

- ¿Cuáles son esas cuestiones de fondo?
- ¿Hacia dónde va la ciudad de Granada? ¿Dónde ven los granadinos su futuro? ¿Cómo se inserta Granada en el Área Metropolitana? ¿Cuál es el papel de Granada en Andalucía y en el resto de España? ¿Cómo debe ser su proyección internacional más allá de los tópicos trasnochados? ¿Qué modelo económico queremos para Granada? ¿Qué turismo queremos? Estos son temas que el equipo del PP no está resolviendo y que, en algunos casos, ni siquiera se ha planteado. Es ahí donde el PSOE tiene que ofrecer un proyecto consistente.

- ¿Y qué hacemos con el botellón?
- El botellón es un fenómeno difícil de encauzar. Hay que seguir buscando nuevas alternativas, pero ¿qué alternativas hay a ese modo de diversión? Ahí es donde existe un vacío social grande. El botellón no es sólo achacable a una determinada política municipal. Lo que sí es cierto es que pone a prueba y desborda la ordenanza de la convivencia: se ha visto muy desbordada.

- Dicen que Francisco Álvarez de la Chica deja el timón del PSOE granadino, ¿hay cantera?
- Parece que Paco Álvarez está en buena situación para ser llamado a asumir alguna Consejería de la Junta. En ese caso, aquí en Granada habría que hacer un reajuste importante. Pero hay personas que pueden desempeñar la secretaría general de una manera óptima.

- ¿Por ejemplo?
- Teresa Jiménez sería una persona muy idónea si se diera el caso.

- Entre los "curritos" comienza a calar la sensación de que esta crisis la van a ganar los de siempre, o sea, los que la crearon. ¿Es muy pesimista esa percepción?
- No es pesimista: es realista. Hasta el mismo Presidente del Gobierno lo ha dicho: se ha hecho un esfuerzo grande para apoyar a la banca, pero la banca no está respondiendo como la sociedad espera. Ha habido sectores neoliberales del mundo empresarial, financiero y político que han pasado un año y medio con la orejas gachas, pero ahora están emergiendo de nuevo. Y con mucha fuerza. En algún momento dije que el fracaso de la derecha no implicaba el éxito de la izquierda. De ahí que nuestra responsabilidad sea mayor: tenemos que poner al día un proyecto socialdemócrata capaz de hacer las transformaciones necesarias.

- Nombre a un diputado al que admire, pero que no sea de su partido.
- Gaspar Llamazares, de Izquierda Unida, es muy buen parlamentario. Y muy respetado.

(Esta entrevista fue publicada en el diario IDEAL de Granada el 21 de marzo de 2010)